Recuerdo Hastings

Hastings… ¡Cuántos recuerdos! Muchos de vosotros habréis oído hablar de este pueblo costero del sur de Inglaterra. ¿Por la batalla de Hastings, tal vez? Seguramente. En octubre de 1066 fue el escenario de un gran enfrentamiento entre anglosajones y normandos que supuso un cambio en la historia del país.

Castillo derruido de Hastings

A la muerte de Eduardo de Wessex, Eduardo el Confesor, sin descendencia, le sucedió su yerno Harold Godwinson en enero de 1066. Sin embargo, algunos consideraron que el trono les había sido arrebatado y decidieron luchar por él.

Por el norte, Eduardo recibió el ataque de Harald III de Noruega, al que consiguió derrotar en  la batalla de Stamford Bridge en septiembre de ese mismo año. Por el sur, sufrió la invasión del ejército de Guillermo, duque de Normandía. En la batalla de Hastings, el 10 de octubre de 1066, Harold fue derrocado y Guillermo resultó vencedor. Esto supuso el fin de la dinastía sajona en Inlgaterra y el incio de la normanda. Así pues, Guillermo el Conquistador fue coronado el 25 de diciembre y reinó como Guillermo I de Inglaterra hasta su muerte en 1087.

Sin embargo, Hastings fue para mí el escenario de otro tipo de batalla. Una más personal, más espiritual… La de la consciencia de la existencia como ser humano independiente.

Aún recuerdo la blancura de la piel, las leves líneas del cuerpo, la inocencia e ingenuidad que expresaba con leves sonrisas, el pelo corto y también la perspicacia de la mirada: los ojos bien grandes, atentos para no perder detalle. Todo era digno de escrutinio para ser inmediata y posteriormente analizado, si bien carecía de los términos y conceptos que me permitieran digerir tal barullo de información.  Recuerdo esa inseguridad característica de una edad en la que aún no sabes qué eres ni qué quieres ser. En realidad, no sabes nada de la vida, pero ya estás ahí, rodeado de adultos, formando parte de una sociedad que te exige ser alguien, o, al menos, ser como la mayoría.

Recuerdo las mañanas frías y solitarias, pero apacibles. Recuerdo cierta pena durante los primeros días; ese sentir que no estás en casa y no puedes esconderte en un rincón de tu habitación. Ese sentir que no está “mamá”. Al menos contaba con el apoyo de mi hermana mayor, que no era poco. Yo era como una especie de ser constante que pululaba alrededor de su grupo y pretendía, con excesivo esmero, formar parte de él.

Afortunadamente, la pena se transformó rápida en emoción, en emociones.

Recuerdo los edificios góticos del colegio, imponentes, tan misteriosos…, las nubes, la humedad. Más aun recuerdo el pequeño y fascinante cementerio en un lugar mínimamente apartado. Recuerdo imaginándome un montón de historias al respecto… Recuerdo el Achtung Baby de U2 sonando en mi walkman por las noches. Recuerdo el fútbol, mi pasión. Recuerdo St. Leonards-on-Sea, las máquinas tragaperras del Old Town, mis pastelitos de crema y chocolate a media tarde, el McDonlad’s, el pier (hoy derruido), la inexistencia de arena en la playa; recuerdo las cookies de vainilla, las excursiones a Battle, las mochilas verdes siempre al hombro. Recuerdo haber hablado de poesía con un gallego y haber aprendido mis primeras palabras en italiano.

Recuerdo las primeras amistades, las primeras relaciones personales. Recuerdo haber conocido a gente de todas partes, pero sin llegar a conocer profundamente a nadie –no porque no quisiera, sino porque no sabía–. Recuerdo observar a los mayores fumar, haber visto a alguna pareja besarse a escondidas (emocinante, sin duda…), mis primeros pantalones rotos, etc.

Supongo que recuerdo intentar parecerme a los demás y esforzarme por gustar. ¡Cosas de la edad y de la falta de personalidad! Qué bueno recodar que hace mucho, mucho de eso.

Recuerdo haber tenido apenas doce años, haber llegado a Hastings y haber querido irme. Recuerdo que en algún momento me sentí como un niño, pero que luchaba por ser adulto. Ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de toda mi vida.

College of the Holy Child Jesus

Al año siguiente tuve la oportunidad de volver y, por supuesto, repetí. Sin embargo, tan solo doce meses más tarde, ya era todo distinto. Ya empezaba a ser “yo”. Ese verano sí que fue una revolución en mi vida. Fue hermosamente intenso, confuso hasta un punto inofensivo.

Y, claro, también recuerdo haber aprendido inglés. No doubt about it!

Todo lo que recuerdo, que no es todo, lo siento con mucha ilusión y cierta melancolía. Si ahora pudiera, volvería a ese mismo año, a ese momento, me sentaría sobre el césped y me observaría, tal como yo observaba a los demás. Y me sonreiría. Entonces comprendería muchas cosas, otras me inquietarían.

Un día de julio de 1994 me desperté en Hastings, en los albores de mi adolescencia. Lo recuerdo bien. Lo recordaré siempre.

Entrada al College

Fitzroy Chevalier

TINGS

25 pensamientos en “Recuerdo Hastings

  1. Si cierro los ojos hay tantas cosas que puedo revivir… La humedad del aire, el olor a mar y a hierba, el sabor de las galletas picantes…
    Ha sido maravilloso evocar esos veranos, hay tantas cosas que recuerdo, con tanta ilusión que me pongo hasta nerviosa…
    Gracias Fitzroy por devolverme ese tiempo tan feliz de mi vida!

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    • Un placer Cova. Es importante recordar los buenos momentos que han marcado nuestras vidas. Y compartirlos con los demás también.
      Creo que he logrado evocar esa edad, esos pensamientos, esas sensaciones y primeras experiencias.
      Me alegro muchísimo que lo hayas disfrutado.

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    • Gracias Carmen. Si algún día tienes oportunidad de ir a Hastings, no dejes de hacerlo.
      Y cuando tengas hijos, si puedes, mándales algún verano al College of the Holy Child Jesus. 😉

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    • Yo fui alumna en Hastings y Staunton, allí además fui monitora ;), me ha encantado reencontrarte aquí Manolo! Seguro que a Fitzroy (que también estuvo en Staunton) le emocionará tu comentario!
      Gran labor, la vuestra!!

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    • Muchísimas gracias Manolo. 🙂 ¡Qué ilusión que me hayas escrito unas líneas!
      Me alegro muchísimo que te haya gustado.
      Staunton también inolvidable…
      Gracias de corazón por haberlo hecho realidad.

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  2. Yo tampoco he estado en Hastings, pero leyendo Escritorio Zero, siento pena de no haber conocido un sitio tan especial.
    Gracias otra vez por un relato tan bonito y con tanta sensibilidad!!!

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    • Muchas gracias N.N. por tus bellas palabras.
      Tuve la oportunidad de volver a Hastings hace dos años mientras vivía en Londres. Se estropeó el tren en el que iba y apenas estuve unas horas. Lo justo para comer un delicioso “fish & chips” en el paseo marítimo, pasear por la zona de las casetas de los pescadores, coger el funicular y subir a la colina para contemplar las vistas; acercarme hasta el castillo, que lamentablemente estaba cerrado, pasear un poco por la playa y ver el pier quemado con carteles que decían: SAVE THE PIER!
      Como era invierno, a las 5 de la tarde anocheció y aún me quedaba el viaje de vuelta a Londres así que no pude recorrer St Leonards hasta el Holy…
      Bueno, tal vez en algún otro momento de mi vida lo haga. No me gusta dejar cosas pendientes.

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  3. Yo estuve en Hastings hace muchos muchos años, en los veranos de 1978 y 1979, pero comparto con vosotros la misma emoción al recordar.
    He vuelto de visita en dos ocasiones, la última en el verano de 2011; y aunque muchas cosas han cambiado, en ese colegio sigue estando la personita que fui, y que en cierta manera llevo conmigo.

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  4. Me has hecho emocionar… vivi momentos similares en Hastings. Lo recuerdo con mucha melancolia. Quisiera haberme quedado para siempre ahi, que esos meses que vivi alli perduraran para siempre. Hermosas imagenes, he vuelto a viajar a ese hermoso pueblo. Gracias!!!

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