Una historia que contar

La exacta razón por la cual probablemente los eternos insatisfechos lo seremos siempre, o casi siempre, radica en nuestra frustración de saber inconscientemente que somos así.

El cinismo que ganamos de manera automática a lo largo de la vida y que nos permite comprender y aceptar la premisa muy bien documentada en tantos artículos sobre la racionalidad en el amor y en los sentimientos, es la misma que asesina el “soñadorismo”.No existe ningún tipo de duda en que adoptar y realizar este tipo de compromiso más tolerante y racional es el camino cierto para la estabilidad, y al fin y al cabo ¿no es eso lo que todos buscamos? ¡Claro que sí! Cuando estamos emocionalmente estables, somos más fuertes y resistimos más y mejor a los ataques externos, y los problemas parecen tener una solución a la vuelta de la esquina. De ahí que estemos de acuerdo con la afirmación de que cierta dosis de racionalidad impuesta sobre los sentimientos y/o o el amor es más que recomendable.La única reflexión que hago es la siguiente: un romántico es un romántico y lo será siempre, hasta el fin de sus días. Un romántico es un trágico por naturaleza, es alguien que por más que lo intente no consigue abandonar su idealismo, y de ahí que se mueva de golpe en golpe, de caída en caída, encarando el ideal trágico de héroe griego. Quitarle el “soñadorismo” al romántico es quitarle el aire que respira. Por mucho que el romántico se vuelva cínico a través de sus experiencias a lo largo de su vida, raramente consigue huir de esa existencia suya soñadora, que lo acompaña con mayor o menor intensidad a cada paso que da.Las personas se mueven por pasión, el mundo evoluciona por pasiones. Anular la pasión o dosificarla según las circunstancias, es destruir el carácter que nos hace diferentes a unos de otros. Todos tenemos fuego dentro de nosotros, unos más fuerte, otros menos; unos más bonito, otros no tanto. Es ese fuego individual el que nos hace únicos, marcando el ritmo de la diversidad que caracteriza al hombre.

Los que nacen marcados y predestinados a no conseguir huir del ideal del romanticismo, pueden pagar una factura muy cara por dejarse llevar por la pasión, cayendo en la tela de araña que el propio destino les teje ¿Y por qué tendríamos que criticar este comportamiento? ¿Acaso se puede exigir “sentido común” (si es que eso como tal existe) a un romántico? ¿De qué es culpable un romántico al margen del hecho de ser víctima de su propio romanticismo? Si no fuese por ellos probablemente no existirían el arte, la música, la poesía, la literatura…

Que alguien le diga a un romántico que el camino para el éxito en una relación, por ejemplo, es es el modelo basado en un amor tranquilo, paciente, sosegado, constructivo. Que alguien le diga a un romántico que debe abdicar de su fuego interior en pro de “algo superior” como la estabilidad. Que alguien le diga a un romántico que ha de permanecer impasible a lo que el sistema determina, resignado a pasar sus días todos iguales, sin poder dar alas a su creatividad, sin poder alimentar su esencia más auténtica. Que alguien le diga todo eso a un romántico, que la única respuesta que obtendrá será algo así como:”Si eliminas la pasión y la tragedia de mi vida, que por cierto caminan siempre de la mano, me matas; si me pides vivir a medias sobre la garantía de que estaré mejor, será como un suicidio, pues prefiero pasar toda la vida buscando lo pleno en lugar de aceptar lo razonable. ¿Parezco  tonto? No, no lo soy, no soy más que un romántico, ando de caída en caída en busca de algo que tal vez nunca encontraré. Con todo, así fui concebido y esta es de la única forma que sé vivir. Soy romántico, sí, pero soy consciente de ello, y la vida no es más que un ejercicio de movimiento alrededor de la conciencia. Por eso, de una forma u otra podré estar acertado, a pesar de estar oficialmente equivocado”.

Es este el principal encanto de la existencia humana. Somos diferentes y no todos queremos lo mismo, pero con más o menos pasión, al final todos tendremos una historia que contar.

Filipe Valente

9 pensamientos en “Una historia que contar

  1. No podría estar más de acuerdo: “Un romántico es un romántico y lo será siempre, hasta el fin de sus días”. Gran articulo! Lectura imprescindible el “Las cuitas del joven Werther” de Goethe

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  2. Gran artículo desde luego, invita a reflexionar y a sacar la parte romántica que todos llevamos dentro… Si me permites una frase del libro de Julia Navarro “Dispara, yo ya estoy muerto”:
    «Hay momentos en la vida en los que la única manera de salvarse uno mismo es muriendo o matando.»

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  3. Me gusta mucho este artículo, que sin duda alguna nos lleva a reflexionar y a conocer más de nosotros mismos. Equilibrar romanticismo y cordura sería un gran ideal al cual mantenerse fiel.

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    • Equilibrar eso es de lo más complicado que existe en la vida, en mi opinión. Idealismo vs realismo… A veces dejo que gane uno, otras veces el otro. Complacerles de igual modo y a un tiempo requiere de una maestría inimaginable y, en cierto sentido, utópica.

      Gracias por comentar Ro

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    • Gracias G.H y gracias de nuevo a F. Valente. Ha sido, en verdad, una lectura interesante y profunda.

      Una vez al mes se publican colaboraciones de otros autores así que tal vez más adelante podréis disfrutar de otro de sus escritos.

      Besos y abrazos

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