A tu deriva

La_voluptuosidad_del_mar

Descendía la calle sin rumbo, perdido, desesperado, buscando un bar de sueños donde desahogar a litros la amargura. Un lugar donde desahogarte, donde desahogarme de ti. Crucé el umbral de varios y no aparecías, te me adelantabas, o me perseguías, ya no conocía. Por ahí todos lucían algún disfraz, iban bien vestidos de una falsa felicidad. Y me miraban, se detenían las mesas, las sillas y las falsas risas. Y yo por todas las barras desparramado. Me miraban fijamente y descubría en sus rostros la desnudez vulnerable de mi cuerpo: desaliñado, consumido, roído. “Un amante caído”, se decían.

Entraba y salía de hermosos prostíbulos, abarrotados de deseos retorcidos, de olores oxidantes y tactos desvergonzados. Pero yo solo te tocaba a ti, con toda la fuerza de mi insignificante vida. Me asqueaba el rumor de la noche, pero sin remedio me atraía. Subía y descendía las calles, cual general humillado y desacompasado, buscando mi sitio, tu sitio. Y no te veía. Me habían comunicado que ese día…

Me dejé caer, o simplemente caí, sobre el banco de un parque solitario, me tumbé a la larga –a lo largo de toda mi pena–, y giré varias veces sobre mí, o la Tierra fue girando a mi alrededor, envolviéndome en su crisálida de niebla fría.

De pronto desperté a la deriva, en un mar muy oscuro, nebuloso, de sensaciones gélidas. El vaivén de las olas me mecía. Recordé que en el fondo del océano no te había buscado todavía. Pero yo no sabía respirar bajo el agua, aunque a campo abierto ya siquiera podía. Sobre mi banco de madera, de vapores etílicos semipodrida, me dejé seducir por las ninfas, que a gritos susurraban tu adorable nombre en la lejanía. Parecía que ellas también te amaban. Cerré los ojos con toda la fuerza de mis lágrimas e introduje mi mano en aquel mar de melancolía. Si ahora bajo el mar vivías, el llanto de mi mano te alcanzaría. No, un silencio aterrador me respondía.

El cuerpo se dejó arrastrar por la mano y se adentró por completo en el mar. Yo no sabía respirar bajo el agua, pero lo intentaría. Por ti no había cosa inhumana que no haría. Me sumergí y, con el peso de la esperanza y la amargura, fui descendiendo a metros agigantados hacia otros mundos. Veía alejarse la madera de mi barco del parque, que seguía allí brillante, flotando intacto, mientras yo descendía. Pensaba y pensaba en tu sonrisa, para distraer a los pulmones de su agonía. Pero unos minutos más tarde contar los segundos ya no podía, ni sentir la humedad del mar, ni la luz blanquecina que atravesaba el techo de aquella fantasía. De la penumbra me imbuía. En cualquier momento te vería, disfrazada de sirena de tiza, de ángel desalado, de dulce valkiria. Sí, ya te dibujaba de muchos sabores y formas, creía empezar a oír tu risa: distorsionada, bellísima.

Solo quería devolverte a la vida, a mi vida, y besarte, besarte, llenarte de oxígeno y alegrías. Te habías ido de mi mundo y yo en otros te buscaría; siempre te buscaría.

 

Fitzroy Chevalier

2 pensamientos en “A tu deriva

  1. Lo he leído unas cuantas veces y cada vez que lo hago me parece aún más bonito; un relato precioso, lleno de sentimientos. Enhorabuena!!

    Me gusta

Siempre hay algo que decir... ¡Deja un comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s