Oda a la vejez femenina

¡Qué hermosa eres y cuánto te ha descuidado la humanidad!

This and That_Aleah Chapin

Una miríada de grietas se abre paso a través de la sequedad de tu piel; fisuras, surcos, pozos por los que discurre tu sabiduría. Tú la adornas de adorables motas tostadas, que pareces haber escogido y salpicado por capricho sobre un manto de amarillenta albura que mantiene malcosido el peso de todo lo que llevas dentro.

Te radiografío y compruebo que un batallón de huesos se rebela en tu interior. Me gustaría entrar ahí y de un golpe ponerlos a todos firmes, pero ellos, sin pretenderlo, siguen otras leyes –muy graves, por cierto–, y sabes que te han sido fieles hasta que el número atómico veinte los abandonó.

El arco de tu columna es majestuoso, pero injusto; debería ser yo quien me inclinase ante ti y te reverenciase hasta el fin de tus días.

¿Y dónde ha partido la fortaleza de tu carne? Yo también lo desconozco, mas no te acongojes, en realidad te prefiero así, ultraligera, para poder llevarte en brazos al paraíso que gustes.

¡Cuánta belleza, cuánta ternura!

Sigo las líneas de tus misteriosas venas: rojas por dentro, azul verdosas por fuera. Un tren las recorre a trompicones cada día, viajando por cada rincón de tu templo, buscando historias y recuerdos. Pero se le amontonan las cuestas, se le van enganchando vagones con dolores dispares e intensos. De pronto hace parada en el corazón, se detiene un segundo… ¿Todo en orden? Se abastece de toda la fuerza de tu espíritu y prosigue su camino una hora más. Más tarde cruzará el cerebro, recogerá un centenar de neuronas descarriladas e intentará atropellar a alguna muy malvada que te tortura preguntándote si este tren volverá a pasar al día siguiente.

Ahora me entretengo con las ruinas de tu pelo: una suerte de cabellos airosos que con un poco de mimo componen un globo lunar, dulce y esponjoso.

Me deslumbra el tenue brillo de tu mirada y, sin embargo, no puedo parar de contemplarla.

Eres perfecta y quiero que lo veas. Quiero que te despojes de todas esas ropas antiguas y disfrutes del reflejo de tu cuerpo en este espejo. ¡Sonríe, por favor, sonríe! Sonríe con lo que queda de tus labios y tus encías.

Ojalá pudieras quedarte ahí para siempre, tú, pero parece que algo supremo te reclama en otro mundo y tal vez tengas que partir sin preaviso y dejar atrás este trasto tan viejo y tan hermoso.

Qué placer poder acariciar tus manos: áridas, retorcidas y frías. Deja que las bese y sienta el calor de tu espíritu… El calor de toda una vida.

 

Fitzroy Chevalier

2 pensamientos en “Oda a la vejez femenina

  1. Qué preciosa alegoría de la vejez Fitzroy Chevalier, qué bien dibujado su cuerpo decadente y su hermosura. ¡Enhorabuena! 😘

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